Comenzábamos el tiempo de Adviento del año 2025 con un nuevo Ciclo litúrgico (A) en el que el
evangelio propio es el de S. Mateo. Se trata, sin duda, del escrito evangélico con un
mayor protagonismo en la historia de la Iglesia, tanto por el amplio número de
comentarios sobre el mismo, como por su mayor utilización en la vida litúrgica de la
comunidad cristiana.
Su autor, probablemente un cristiano de la segunda o tercera generación, conoce ya
la agudización de los conflictos con el judaísmo. En medio de esa situación, el evangelista
intenta hacer memoria de la persona y del mensaje de Jesús y convertirla en enseñanza
concreta para una comunidad mixta, que recoge en su seno judeo-cristianos y seguidores
de Jesús procedentes de la gentilidad y que posiblemente estuviese ubicada en la zona de
la actual Siria (quizás en la ciudad de Antioquia).
La obra constituye un esfuerzo de síntesis de las tradiciones de corte más judío
(fuente Q) y de perfil más gentil-cristiano (evangelio de Marcos).
El Evangelio de san Mateo está dirigido a probar que Jesucristo es el Mesías
anunciado por los profetas y que en Él se cumplió todo lo que los profetas habían
anunciado. A San Mateo lo pintan con la imagen de un hombre, porque su Evangelio
empieza haciendo la lista de los antepasados que Jesús tuvo como hombre.
Esta imagen de Jesús intenta dar respuesta a las esperanzas de Israel y también a las
expectativas paganas de un soberano universal, que se encontraban difundidas por el
Oriente de aquella época.
San Mateo, eliminando toda posible interpretación del Mesías con connotaciones
guerreras o belicosas, nos presenta a un Jesús como rey sabio, que somete al mundo a los
mandamientos éticos de la no-violencia, entrando así en polémica con la religión israelita
de su tiempo.
Las comunidades con las que está en contacto San Mateo, se han separado
organizativamente del judaísmo, pero siguen en diálogo con él. Comparten una misma
historia de la salvación. La pretensión fundamental de Mateo es la de realizar una
delimitación ética con respecto al pueblo de Israel, que también lo separa del paganismo,
mediante el espíritu de una «justicia superior». No hay lugar para ninguna clase de orgullo
histórico por haber sustituido al pueblo de Abrahán y de Moisés, porque hasta el juicio
final sigue abierta la cuestión sobre quién pertenece de verdad al número de los justos.
Con su programa de una «justicia mejor», San Mateo tropieza con una dificultad
inevitable al intentar integrar a todos los grupos en su comunidad: no todo el mundo es
capaz de vivir en la práctica un espíritu tan estricto. Si las deficiencias éticas de cada uno
se pueden tolerar es porque la noción de perdón se encuentra en el centro de la ética de
Mateo. Esta realidad eclesial continua siendo plenamente real hoy, después de 2000 años
de cristianismo. Meditar en este año con el evangelio de san mateo es una bendición del
Señor.
San Mateo pone de relieve la autoridad del único Maestro, Jesús. Tiene la
esperanza de que este Maestro hable por medio de su evangelio. Todas las demás
autoridades pierden fuerza donde Jesús se convierte en el Señor.
Las comunidades son, sobre todo, unas comunidades de hermanos y hermanas,
regidas por las enseñanzas y autoridad de un único Maestro, Jesús, que es el Mesías judío
esperado, pero también el Señor universal para todos los pueblos. El sueño de Mateo:
una iglesia que evidencie el único señorío de Jesús, no deja de ser el sueño de muchos
cristianos y cristianas hoy., que continuamos caminando en las múltiples y coloridas
comunidad cristianas.

